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Alojamientos Sostenibles en Marruecos
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El hotel cuenta con 7 empleados, 3 mujeres y 4 hombres, todos de origen marroquí. Un 95% de los aprovisionamientos que se compran para el hotel provienen de África.
Erfoud y sus dunas de Merzouga son la puerta al gran desierto por el noreste de Marruecos, un icono del turismo de aventura. Arantxa y Cristina, dos decanas españolas en la hotelería con encanto, han dado el paso definitivo y han creado un auténtico hotel de jaimas... Sus dieciséis taimas-suite son viviendas de los nómadas del desierto que han sido elegantemente decoradas y equipadas con todas las comodidades: salón-dormitorio, baño y chimenea. Las zonas comunes se componen de una jaima salón, una gran jaima restaurante, un hammam tradicional con sala de masajes y la piscina-lago. Los afortunados deciden quedarse aquí, en estas soledades mágicas de amaneceres y puestas de sol que emocionan y que invitan a encontrarse con uno mismo. No es filosofía, es el desierto. La cara amable del desierto por su mimada gastronomía autóctona y por la fusión de culturas que se respira en el lodge.
Cocina. Magnífica cocina marroquí. Tajines, r'fissa, pichones rellenos caramelizados, cuscús... Con productos frescos del mercado rural, el de Rissani. Cena incluida en el precio.
El hotel tiene 42 empleados, 20 mujeres y 22 hombres, el 95% son de origen marroquí. Un 90% de los aprovisionamientos que se compran para el hotel provienen de África.
Con una estructura que emula la de los palacios de caravanas de la Ruta de la Seda, éste es uno de los hoteles más personales de Marrakech.
Ambiente de gran mansión para cinco habitaciones y doce suites, dos de las cuales tienen piscina propia. En torno al gran patio central con piscina climatizada se organizan el restaurante-bar, dos rincones abiertos para la lectura con grandes cojines y mesas de té y algunas habitaciones. Un arco da paso al jardín, ideal para tomar el sol y no hacer nada. El ambiente se puede calificar de árabe-mex pues a los elementos locales se le suman otros que nos trasladan a coloridas haciendas del Nuevo Mundo. Por la noche el ambiente se transforma a la luz de los candiles que bordean la piscina y los vericuetos del caravan serai. Beatriz Máximo, la gerente, habla perfecto castellano.
Cocina. Típica marroquí con concesiones modernas, servida en el salón contiguo a la piscina o en el jardín. Comidas 22 euros y cenas 30 euros, aprox.
El hotel cuenta con 8 empleados, 6 mujeres y 2 hombres, todos de origen marroquí. Un 95% de los aprovisionamientos que se compran para el hotel provienen de África.
Este precioso riad es heredero del poso cultural y carismático que envuelve todo en Essaouira. Color bohemio para la ciudad bohemia de Marruecos. Ocho habitaciones y suites en torno a un patio con columnas y sillares de esta roca, diríase marina, típica de la ciudad, con paredes encaladas en un suave tono lila. Todas cuentan con baño y salón privado con chimenea, cada una con ambiente particular y exquisitamente decoradas: estucos en tonos suaves, cuero, forja o madera encerada.
Armonía de estilos y texturas, lino y algodón para la ropa de baño. Pequeños rincones invitan al descanso, a un té a la menta o a dejarnos mimar por una cocina del Sur. Un salón de lectura o la terraza que invita a la calma, a dejarse acariciar por el viento atlántico que suspende a las gaviotas. Además la Casa ofrece masajes, tatuajes de henna y cuidados estéticos como manicura o depilación con miel entre otros.
Cocina. Típica marroquí con ideas innovadoras.
El hotel cuenta con 21 empleados, 16 mujeres y 5 hombres, el 95% de origen marroquí. Un 95% de los aprovisionamientos que se compran para el hotel provienen de África.
Íntegramente renovado a finales de 2006, Dar Les Cigognes es una de las mejores señas de la medina de Marrakech, un auténtico boutique hotel con estilo marroquí y abiertas concesiones al diseño en decoración e iluminación. La dirección de Les Cigognes está en manos nórdicas, y Olaf Galaburda es un afable gerente enamorado de dar a su hotel pinceladas de exclusividad. Estamos a diez minutos a pie de la plaza Jema el Fnà, en la ancha calle de Berima, que lleva a las tumbas de los Saadíes y al Palacio Real, bullicio de carretas de fruta y mobylettes. Pero cuando franqueamos la estrecha puerta del número 108 se hace el silencio, y accedemos a un patio sombreado y delicioso con frutales y fuente al que asoman los corredores con barandas de madera labrada de cada piso. Estamos en la antigua casa de un rico mercader marrakchí reformada con gusto por el arquitecto Charles Boccara, y cada habitación es un capricho ecléctico de telas, doseles, alfombras, estucos, mobiliario clásico y contemporáneo.
Cocina Marroquí muy cuidada, en el restaurante o en la terraza. Comidas y cenas 25 y 35 euros respectivamente.
La historia de Nathalie Burnet es característica de quienes visitamos Essaouira, la conocemos y nos enamoramos de esta vieja Mogador que respira libertad por sus calles en cuadrícula, la única medina planificada de Marruecos. Los más afortunados consiguen renunciar a muchas cosas para vivir aquí, y Dar Loulema es la casa soñada de Nathalie, decorada con esmero en sus tres típicas plantas de riad de la medina que se asoma al puerto, a la playa y a los islotes en los que los romanos extraían y procesaban la púrpura. Sólo siete habitaciones hacen de esta casa un rincón muy privado en torno a un patio con fuente. Decoración de la que apetece en Essaouira, con aires de isla griega, blancos, azules, cal y estucos. El desayuno se sirve donde se desee, en el patio, en la habitación, en la terraza, en uno de los salones con chimenea... Nada como pensar en uno mismo durante unos días.
Cocina Típica marroquí, con aportaciones imaginativas. Comidas y cenas. Menú, unos 18 euros.
Casa rural regentada por Hassan y su hermana, Radia El Azzouzi. Inaugurada en abril de 2008, se trata de una moderna construcción de estilo mozárabe, con una bella decoración, con sus mosaicos y lámparas, en la que se aúnan tradición y modernidad para ofrecer al viajero algunas comodidades.
Bonita casa tradicional restaurada de Rachid y Abida Benali y su familia. En esta casa rural tendréis la oportunidad de de compartir espacio con una familia marroquí reforzada, cuando llegan forasteros, por parientes próximos y vecinos curiosos.
Perdida entre los barrancos de la cordillera costera, es muy agradable encontrar agua caliente con conducción para la ducha y cobertura de teléfono móvil. Con un gran patio-terraza abierto con porche, cocina, despensa, una confortable habitación para las chicas y el salón-comedor, de día, con sus típicos sillones, llamados tabares, convertido en dormitorio para los chicos, de noche.
A la hora de la comida, un buenísimo y abundante menú: cuscús de verduras y pollo, variada fuente de frutas variadas y dátiles, motivo perfecto para disfrutar de una estupenda siesta, más o menos larga, según el ánimo de cada cual.
La casa de Jnanat se compone de un patio central abierto en torno al cual se ubican dos dormitorios con una cama doble y 6 camas individuales, dos modernas duchas, una cocina y dos salones típicos marroquíes. Fuera hay una pequeña terraza y un jardín rodeado de nopales en el que se cultivan frutas y verduras de temporada. En este el huésped puede relajarse bajo las estrellas, tomando un té menta, o bien, probando la gastronomía local. Este alojamiento es parte de una iniciativa local que busca desarrollar el turismo, basándose en el deseo de descubrir y conservar la naturaleza, el respeto de la cultura local y el apoyo al bienestar de la población local.
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