De los Safaris Africanos a las Selvas Amazónicas.(por Martins Fernando Guambe)
Os propongo en estas líneas una ruta de Turismo Responsable que parte de sur a sur. Simultáneamente os invito a disfrutar de este vital viaje, donde el único verdadero viajero es aquel que lleva su mochila de experiencias de vida enriquecedoras para compartirlas, el viajero que sigue su camino a nuevos lugares para experimentar, vivir, apreciar y ver nuevos colores, costumbres, estilos de vida y grandiosos paisajes de la madre naturaleza.
Esta ruta es para los viajeros que parten para nuevos lugares, no sólo para disfrutar y gozar de sus bellezas, sino también, para conocerlas y hacerlas parte de su propia vida.
Es, una invitación para conocimiento de un patrimonio, histórico, cultural, natural y humano que uno mismo lleva, a cada mirada y suspiro de vida, en sus relaciones cotidianas con la gente local.
Este viaje, parte de la responsabilidad de cada uno de nosotros y de vosotras que ya lee con responsabilidad el transcurso de un viaje responsable. Parte también del gusto que sentimos y el placer de viajar de manera responsable, sobretodo de ánimo que la palabra viaje responsable nos trasmite, como estas lindas sensaciones, un viaje responsable de Mozambique a Bolivia, de los Safaris Africanos a las Selvas Amazónicas.
Solo las palabras en sí, no parecen decir nada, lo que más dice en un viaje responsable es la curiosidad y la apertura de aprender, enseñar y compartir experiencias del bien vivir, mas de todo, es el amor que cada viajero lleva para cada lugar de la tierra. Parece una misión difícil pero es muy fácil imaginar los bellos paisajes exóticos, la gente diferente por cruzar, culturas diferentes, climas diferentes, hasta los trópicos y hemisferios diferentes.
Lo que realmente interesa de este viaje, es la unión entre pueblos aparentemente diferentes, interesa la unión de la gente común, gente responsable, con respeto y amor por si y por el próximo, así como lo que aprendemos con cada una de las personas que nos vamos encontrando por el camino, compartiendo un pedacito de vida, cultivando en nosotros nuevos puntos de mira, nuevas sensaciones y como no, sembrando las semillas para un nuevo mundo verdaderamente solidario partiendo siempre desde nuestra esencia.
Es un tipo de viaje que rompe con el clásico viaje y con las viejas relaciones norte sur, basadas sobre explotaciones de todo tipo, polución ambiental, pillaje de recurso locales y falta de valores humanos. Romper con el turismo de masa que solo genera rendimiento a las compañías protagonistas, extranjeras donde solamente hay un tipo de visión, “beneficios económicos”, siendo un generador de desigualdades y de discriminaciones entre pueblos de la misma raza humana de tal manera que se deja en el olvido al pueblo autóctono sin respetar sus propios intereses, sus tradiciones y su propia cosmovisión de vida.
El viaje responsable viene a romper las barreras geográficas entre pueblos, desterrar conceptos de norte- sur, promoviendo una unión global para un nuevo modo de vivir responsable en armonía con la naturaleza y otros pueblos del mundo, evidenciando esfuerzos comunes para fomentar la amistad, la fraternidad, por una paz global.
Este viaje dá valor a nuevas formas de vida socioeconómicas y cultural, pone en auge los vínculos y la posibilidad del turismo como factor de desarrollo sostenible, una nueva orden centrada en las personas locales y sus culturas, reconocer el protagonismo de éstas, el desarrollo sostenible de sus territorios.
En este caso, se trata de hacer un recorrido, enriquecedor de rutas históricas, culturales, naturales y patrimonio de la humanidad de los dos países de forma responsable y sostenible. Se trata de partir en una aventura de conocimiento, de auto-conocimiento y descubierta de la parte oculta en cada viajero.
Desde Mozambique, se trata de una inmersión sin prejuicios ni hipocresía en dirección a sus bonitos paisajes naturales, en vuelos de millones de kilómetros, como la suya infinita costa. Sumergirse en su riqueza artística, cultural, antropológica y histórica, conocimiento de sus riquezas folclóricas, de su fauna y espacios ecológicos incontaminados.
El viaje sigue hasta el cruzar culturas y romper fronteras, hasta el encuentro de historias y vidas de las masas populares.
A lo largo del camino se observa el paisaje humano, de gente alegre, de mundo lleno de colores y vida. Se ve la imagen de África, su historia patente en cada detalle de los artefactos de la vida cotidiana. Una vida pintada en los murales de los espacios públicos, desde Maputo hasta el río Rovuma, de Swazilandia, Zimbabwe, Sudáfrica hasta Malawi y Tanzania. Todos países limítrofes con historias comunes, patentes en los libros antiguos reflejo de los ancestros donde no existían fronteras todo era uno, el imperio de Gaza.
Son zonas con identidad donde su gente, canta sus victorias de las batallas diarias de su vivencia, monumentos, históricos y arte. Sus cantos de amor y lucha, con sus himnos universales, de los derechos humanos. Sus barrios llenos de vida con la lozanía de la juventud, sustentando la huella del pasado en sus murales y vestidos frases e imagenes de grandes personas: Ghandi, Martin Luther King, Samora Machel, Bob Marley, Che Guevara, incluyendo los nombres de las calle: Eduardo Mondlane, Karl Max, Vladimir Lennin, Salvador Allende, Kim il Sung, Khenet Kaunda, Julius Nherere, hasta Rua da RESISTENCIA. Esta última, conduce hasta el famoso barrio Colombia, Malhangalene, barrio multiétnico donde en algunas terrazas, con buena audición puedes escuchar canciones internacionales, como: Ernesto Che Guevara é morto en terras Bolivianas…Ernesto é vivo!...
Es allí donde el viajero, encuentra con su destino… Bolivia. En calma se disfruta del momento…escuchando a la gente amable, oliendo el aroma de la gastronomía mozambicana en el mercado local, que ostenta el nombre de la viuda del primer presidente de la FRELIMO (Frente de Liberación de Mozambique) Eduardo Mondlane, “el mercado Janet”. En las barracas locales gente pendiente de las noticias sociales, nacionales, regionales e internacionales, entre las cuales el sida y la malaria están a la orden del día. Si entre tanta curiosidad se preguntara si alguien conoce Bolivia, nos encontraríamos que de todas esas personas, casi nadie sabría ubicarla, solamente algunos pocos que hayan podido estudiar, los que hayan leído documentos históricos, pero si la mayoría relacionan a ese país con Che-Guevara y su apoyo a la lucha de Tanzania y Mozambique, el legendario Simón Bolívar, por tanto aquí tenemos nuestro punto de partida de nuestro gran viaje – De Mozambique a Bolivia -.
Hay que viajar con todos los sentidos presentes a cada segundo, a cada momento, mismo si las emociones del viaje nos llenan el ánimo, entre conversas de bar, miradas y pasiones, volvemos a descubrir que Bolivia está cerca, hay que seguir el viaje….
Para seguir este lindo viaje, reejercemos la responsabilidad de cada viajero. Hay que usar el viaje responsable como instrumento para el desarrollo social, ecómico, progresivo y sostenible. Eso pasa necesariamente de consumir productos locales, usar estructuras locales y crear relaciones puras de amistad entre la gente que vas encontrando. En el caso particular de nuestro viaje, todo parte mas profundo, parte del amor del bello Mozambique y la bella Bolivia.
La responsabilidad no está en la curiosidad y ganancias superficiales de lo exótico, como pasa clásicamente cuando la avalancha de gente se mueve a estos países porque quieren gozar de sensaciones nuevas probando como en un juego sus estilos de vida, sino del viajero responsable que tiene el gusto profundo y la aspiración de convivir con distintas personas de otras partes geográficas como si fueran sus propios vecinos, sin embargo está en el viajero que vive el diverso como igual a sí mismo y por eso respeta el medio ambiente y las culturas locales como si fuesen suyas.
El viajero responsable transciende las fronteras geográficas y polares, existiendo para él un solo pueblo, el pueblo de la raza humana.
Ese viajero, esta aquí, a media distancia para Bolivia. No para ir a disfrutar de su belleza naturalística y diversidad folclórica así como sus tradiciones, como los clásicos que pagan ríos de dinero para ir a ver como los pueblos indígenas viven, no. Este viajero, va a convivir con la gente, a vivir el ambiente, adentrándose con las personas y contribuyendo a la riqueza local, incentivando la participación activa de las personas locales y en su beneficio directo, alimentando una mayor conciencia sobre el turismo y el desarrollo sostenible local, transmitiendo respeto, tolerancia y flexibilidad por lo diferente.
La ruta a seguir en Bolivia nos propone algo mas que sus pisos ecológicos, el lago mas alto del mundo, el Titicaca, el solar de Uyuni, se trata de vivir esos preciosos momentos desde el profundo de corazón, llevar las vidas de sus pueblos, la felicidad y los desafíos como suyos. La admirable cultura Chiquitana en un país con una diversidad cultural y étnica, refleja la variedad de pueblos y naciones indígenas, sirviendo de ejemplo único del mundo presidido por un líder indígena, Evo Morales.
Hay que convertir a cada viajero responsable en un nuevo presidente, responsable con una nueva lógica de desarrollo, el desarrollo sostenible, que mira la falta de políticas estatales que ayuda al turismo a convertirse en el sostén del país y en el bienestar de la población desfavorecida.
El único capaz de cambiar la situación actual es el viajero responsable, que lleva en su mochilla la misión de desarrollo sostenible de los pueblos, igual que la Fundación JIWASAN –DESARROLLO CON IDENTIDAD-, cuya misión es Bolivia. Para el viajero responsable también es Bolivia, es Mozambique, es África, es América, porque el desarrollo son los pueblos, es una sociedad de viajeros responsables, como todos los que osan leer con responsabilidad esta ruta de turismo responsable, que cada día lo hacemos en nuestros gestos de relaciones con unos y otros y con la madre tierra.
Por Martins Fernando Guambe
